lunes, 25 de enero de 2010

De la semántica, el transporte y otros castigos...

En este episodio, la botarga de Dante Alighieri conocida como Almeja, se encuentra enclaustrada en un taxi de Xalapa.

Botarga: Buenas tardes, a Zamora por favor.
Taxista: Sí claro.
El taxista se arranca y toma un camino desconocido.

B: ¿Disculpe qué ruta va a tomar?
T: Voy a entrar por Miguel Alemán.
B: Oiga, pero si Zamora está allá por Correo.
T: ¡Ah, dijo Zamora! Yo entendí Sonora.
Obvio, si le bajara dos rayitas al sonidero del 97.7, otra sería la situación.

Después de cinco minutos y al encontrarnos atascados en el tráfico, el individuo en cuestión sigue:
T: ¡Mire nada más el tráfico... y con la lluvia!
B: Realmente no creo que haya beneficiado esto del cambio de sentidos en las calles.
T: La mera verdá (comenzó a relucir lo mejor de la casa) le voy a ser muy sincero y honesto (mientras no saque una pistola lo consideraré apto para el adjetivo) esto no sirve para nada y menos para los taxistas. Fíjese que el otro día hubo un plantón porque nos nos dejaron meternos ahí donde van los camiones.
B: En el contraflujo.
T: Exacto. Y digo, si es para transporte público, pues nosotros también somos de esa categoría, pero a los de tránsito les vale madre y no hacen nada.
Maldito cambio de sentidos, tuvimos que ir a dar la vuelta a casa del diablo y yo ya quiero bajarme de esta cosa. Hubo minutos de silencio y traté de hundirme en los sones tropicaleros de la estación.

T: Y mira, te voy a decir algo... ¿te puedo decir de tú?... (a estas alturas me puede decir Nacaranda con tal de que se apure a llevarme a donde voy. Asiento ante la pregunta) La mera verdá yo no estoy en contra de que den trabajo (ahí vienen las mangas del chaleco, porque desde que se inventó la Academia y anexas todos tenemos algo de críticos) pero no le veo caso a que estas muchachitas de tránsito estén ahí en el centro, nada más platican con los oficiales y ni ponen atención al tráfico. ¿Para qué las tienen ahí?
¡Aparte de misógino, el animal se pasa una luz amarilla. Yo no estoy muy de acuerdo que cualquier wey con su tablero de peluche y recuerditos de fútbol sea conductor de taxi, pero nadie dijo que esta vida fuera justa!

T: Es que por eso nos fuimos a manifestar los taxistas, por esas cosas que no nos parecen, sobre todo que no nos dejaran meternos en el reflujo.
¿Quééééééééééééééééééééééééééééé? ¿¿¿Dios mío porque me castigas de esta manera???? Sabes lo odiosamente obsesiva que esta botarga es con el uso de las palabras y este adefesio me está entregando en bandeja de plata una joya para poderme reír de aquí a que llegue el día de San Valentín!!!!... ¿por quéééééééé? Ganas no me faltaban de decirle: ¿Qué el reflujo no es cuando tienes gastritis? ¡¡¡Haz de firmar con una X y seguro que tu licencia de conducir es chocolate!!!!

Botarga Zen: Respira uno, dos, tres... Imagina tu lugar feliz, visualízate y relaja.

Por fin llegamos a la calle de destino.

T: ¿Dónde la dejo?
B: En la siguiente cuadra.
T: ¿Aquí?
B: No, más adelante.
T: ¿A dónde?
B: Allí.
T: ¿Aquí?
B: Sí, ya déjeme aquí.
T: Ok.
B: Gracias, que tenga buen día.
T: Adiiiiiiiiioooooosssss (léase con el tono aguardientoso de la voz del individuo, asco).


Consejo: A usar las piernas mientras todavía nos sirven... ¡¡¡dígase caminar!!!



No hay comentarios:

Publicar un comentario